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Un maratón a toda velocidad

La largada del maratón de Londres de 2013 estuvo signada por un hecho peculiar: El liderazgo fue tomado por David Hellard, un corredor británico desconocido. La situación por unos segundos sorprendió al grupo de maratonistas de África del Este, que miraban incrédulos como un atleta blanco lideraba la competencia. Como era de esperar, el asunto no duró demasiado, ya que Hellard pudo sostener el ritmo sólo por unos metros y, poco después de ese esfuerzo, todo volvió a la normalidad. Luego se supo que liderar un pequeño tramo de la carrera se trataba de un desafío planteado por Hellard para recaudar fondos para una entidad benéfica.

En la previa del maratón de Nueva York del mismo año, Asics realizó una actividad promocional que invitaba a subirse a una cinta y correr a la misma velocidad que el atleta Ryan Hall emplea en competencia. La velocidad de la cinta era de veinte kilómetros por hora, lo que representa un tiempo de tres minutos por kilómetro. El desafío, llamado Treadmill Challenge, continúa siendo implementado por la marca en diferentes pruebas, gracias a su gran convocatoria. La gente se ve tentada a seguir el ritmo de un maratonista de elite. O a intentarlo, al menos.

De otro planeta

Es grande la sorpresa de la mayoría al darse cuenta de que no pueden sostener la velocidad más de un puñado de segundos (algún que otro minuto los muy entrenados) y, repetimos, se trata del ritmo que un atleta de elite mantiene durante más de cuarenta y dos kilómetros.

La velocidad que desarrolla un maratonista es cada vez mayor. Sin embargo, tal vez perdemos de vista lo increíble del logro porque los atletas corren con naturalidad, casi sin demostrar que están sintiendo el esfuerzo. Este tipo de desafíos permiten tomar dimensión de la destreza de estos corredores.

En otros tiempos, el maratón se veía como una prueba de resistencia. En verdad, sigue siéndolo, pero ya se convirtió también en una carrera de velocidad, ya que sus máximos exponentes no regulan para lograr completarla, sino que mantienen un ritmo altísimo a lo largo de toda la prueba.

Por eso mismo, en los últimos años, el récord de la distancia ha sido mejorado en forma sostenida. Actualmente, el keniano Dennis Kimetto ostenta la mejor marca, con el asombroso tiempo de 2 horas, 2 minutos y 57 segundos (conseguido en Berlín 2014, gracias a un ritmo inferior a los tres minutos el kilómetro). Frente a este panorama es esperable que el récord siga evolucionando y paulatinamente se acerque a la tan ansiada cifra de dos horas, que durante mucho tiempo se creyó inalcanzable para el ser humano.

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