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Los Hermanos de la Montaña pusieron la bandera uruguaya en el Everest

Foto:Crédito: Jorge Xavier

El equipo uruguayo Hermanos de la Montaña cumplió su sueño de llegar al campamento base del Everest, a 5368 msnm (metros sobre el nivel del mar), y contaron su experiencia a Activo Uruguay

A la hora de pensar en grande para subir una montaña, el Everest es la opción que surge como lo máximo, “el techo del mundo”. Y hacia ahí fue este grupo de aventureros uruguayos que, tras haber realizado ascensos y carreras en la región, se la jugaron por este gran desafío.

Hermanos de la Montaña desde 2013

Jorge Xavier, integrante del grupo, contó a Activo Uruguay cómo surgieron los Hermanos de la Montaña y cómo está compuesta esta formación que cuenta con hombres y mujeres de distintas edades y profesiones.

“Hermanos de la Montaña surge allá por el año 2013, en oportunidad del Cruce de los Andes desde Pucón (Chile) a Junín de los Andes (Argentina), oportunidad en que nos encontramos y compartimos viaje y aventuras un grupo de conocidos del trail running en Uruguay. A partir de allí, fuimos coincidiendo en desafíos compartidos, y decidimos constituirnos como grupo de corredores”, indicó.

Con los años, la integración ha cambiado debido a sucesivas incorporaciones. “Podría decirse que el núcleo fundador está compuesto por Paola Nande, Martín Zanabria, José Alejandro Chabalgoity, Wilson Guillén, Douglas Hernández, Jorge Nin, Jorge Xavier, Mabel Paiva, David Vega, Alejandra Isabella, Andrés Silva, Dardo Parentini, Susana Castro, Juan Olascoaga, Andrea Montans, Sebastián Paulos y Hebert Prado”, señaló.

Las edades de sus componentes van de los 24 a los 57 años y entre ellos hay personas de distintas ocupaciones: médicos, empresarios, ingenieros, fotógrafos, contadores, docentes universitarios, entrenadores, jefes de desarrollo de productos, microbiólogos investigadores, profesores de inglés, gerentes, licenciados en administración y gerencia, empleados públicos y privados.

“¿Qué nos une? La pasión por los deportes de aventura y la montaña”, destacó Xavier.

Soñar en grande

Hace un año comenzó el sueño del Everest, que ya es real. “En noviembre de 2016, cinco de nosotros decidimos hacer el ascenso al Cordón del Plata (Mendoza, Argentina), donde alcanzamos los 4700 msnm, en una experiencia que nos marcó como un antes y un después”, contó Xavier.

“A los pocos días del retorno”, prosigue, “comenzamos a madurar la idea de hacer algún otro ascenso ‘grande’, y allí surgió la posibilidad de pedirle a Martín (DestinOriente), hijo de Juan Olascoaga y que conoce muchísimo esa zona del mundo, que nos armara un paquete a un grupo de corredores de trail para intentar llegar al campamento base del Everest”.

“Si soñamos, que sea en grande”: Jorge Xavier.

Decididos, el viaje fue tomando forma y se armó un equipo de nueve valientes: Jorge Xavier, Juan Olascoaga, Dardo Parentini, Sebastián Paulós, Gustavo Gorni, David Vega, Alejandra Isabella, Mabel Paiva y Andrés Silva.

“Todos somos habituales corredores de trail, razón por la cual el entrenamiento ya forma parte de lo que hacemos. En el país, el lugar habitual es en las laderas del Cerro de Montevideo, donde es normal encontrarnos a primera hora de la mañana sábados y domingos (incluso antes del amanecer, con linternas frontales), Sierra de las Ánimas y Cerro Pan de Azúcar (el lugar más técnico que podemos encontrar)”, contó Xavier.

Una aventura que los marcó

Crédito: Jorge Xavier

“El cronograma del ascenso al campamento base del Everest contempló un largo peregrinar por el valle de Khumbu, en Nepal, iniciando en Phaplu a 2480 msnm, con ascensos y descensos matizados para aclimatarnos adecuadamente”, explicó Xavier.

“Fuimos subiendo durante 10 días en un recorrido mágico, místico, por lugares milenarios y en contacto con los lugareños, evitando las rutas más ‘turísticas’ precisamente para conocer y convivir con los habitantes de la región, compartiendo sus comidas y vivencias”, detalló.

Lo que más se sufrió fueron los efectos de la altura que afectaron a algunos integrantes (dolores de cabeza, mareos, vértigo, malestares estomacales), pero los mismos fueron solucionados gracias al proceso lento de aclimatación que encararon.

“A medida que íbamos avanzando hacia nuestra meta, el terreno iba cambiando dramáticamente, tanto en relación con el paisaje deslumbrante, como con la vegetación que se hace inexistente a partir de los 4000 msnm, y el frío intenso que se siente a partir de las 15:00 horas, razón por la que tratábamos de llegar a los refugios de montaña un poco antes de esa hora en etapas de trekking de entre 6 y 8 horas diarias”, comentó.

“Un capítulo aparte es el de la fisonomía de las personas, que también va cambiando dependiendo de la región y altura, así como los animales de carga utilizados (que tienen preferencia de paso en los senderos y puentes colgantes), pasando de mulas en las zonas más bajas a yaks en las más altas”, agregó Xavier.

Un momento místico

A las 12:00 del pasado 4 de noviembre, los Hermanos de la Montaña cumplieron su objetivo. “Fue una jornada soleada, pero rápidamente se transformó en nublada y comenzó a nevar muy finamente cuando alcanzamos el mítico campamento base”, dijo Xavier.

“Allí, cada uno de nosotros rindió homenaje a sus seres queridos, colgando las tradicionales banderas nepalíes en su memoria, dejando algún dibujo de nuestros hijos y escribiendo mensajes en las piedras”, expresó.

“Además de la alegría del grupo por la meta conseguida”, continúa, “también fue un momento sobrecogedor, emocionante, íntimo, místico y con un cierto toque religioso, que cada uno vivió a su manera. Como señalamos en esa oportunidad, nuestra vida ya no es la misma”.

La aventura tuvo un plus más al otro día, cuando seis de los nueve uruguayos se dieron el lujo de hacer la cumbre del Kala Patthar (5545 msnm), ubicada muy cerca del Gorakshep (donde está el refugio en que se alojaron), ya el resto de los integrantes decidió quedarse a recuperarse del mal de altura que los afectaba.

Crédito: Jorge Xavier

“Nos consideramos privilegiados y afortunados de haber podido cumplir este sueño que tiene mucho de locura, en particular por el hecho de que nuestro país está al nivel del mar, y para nosotros cualquier elevación supone siempre un desafío adicional”, destacó.

“Cuando algunos de los ocasionales compañeros de aventura en algún refugio o en el camino nos preguntaban de dónde éramos, y les decíamos ‘Uruguay’, no nos podían creer tanto por la cantidad (un australiano nos preguntó, en tono de broma, si había quedado alguien aquí), como por el hecho de que nos apasionen los deportes de montaña”, recordó Xavier.

Tras superar este gran desafío, surgió la duda de cuál será el próximo reto. “Cumplido este sueño, siempre nos queda –además de la enorme satisfacción por el objetivo conseguido– una cierta sensación de vacío, pues nos preguntamos ‘¿ahora qué sigue?’ Por lo pronto, en febrero algunos iremos a correr al Aconcagua y muy posiblemente al sur de Argentina en las montañas de la Patagonia, y ya estamos soñando con algún desafío lejano”.

Xavier, para finalizar, citó al célebre montañista británico Chris Bonington: “La aventura sin riesgo de vida se parece demasiado a hacer turismo. Y aburre”.

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